Aprendizaje Colaborativo
Mtra. Ma. de Lourdes Ascencio Huertas

La búsqueda de paradigmas para la flexibilización educativa se ha dirigido hacia modalidades alternativas presenciales, no presenciales y mixtas en las que se desarrollan nuevas metodologías para orientar el proceso de enseñanza-aprendizaje; implicando con ello la incorporación de diversas tecnologías al campo educativo y como consecuencia, la redefinición de los elementos que intervienen en éste: alumno, maestro, escuela, así como la relación que puede darse entre ellos.

Así pues la educación en si misma comprende nuevos retos, desde generar el desarrollo de competencias que el autoaprendizaje conlleva hasta la adaptación de los nuevos escenarios en donde el aprendizaje se hará posible (el hogar, el puesto de trabajo o el centro de recursos de aprendizaje), es decir el marco espacio-temporal en el que el usuario desarrolla actividades de aprendizaje.

El apoyo y la orientación que recibirá en cada situación, así como la diferente disponibilidad tecnológica son elementos cruciales en la explotación de las TIC para actividades de formación en esta nueva situación, pero en cualquier caso se requiere flexibilidad para cambiar de ser un alumno presencial a serlo a distancia y a la inversa, al mismo tiempo que flexibilidad para utilizar autónomamente una variedad de materiales (Salinas, 2003:8).

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Al respecto, existen diversos argumentos a favor de la educación sin muros, entre las que pueden mencionarse: la promoción y difusión de los procesos de globalización de los conocimientos; la incorporación de nuevos espacios de intervención educativa, pero sobre todo, del fortalecimiento de las estrategias educativas que propician el aprendizaje autónomo y colaborativo.

Bajo esta dinámica, algunas instituciones de educación media superior y superior han empezado a desarrollar nuevos modelos de organización académica y pedagógica, orientados al aprendizaje como un proceso de educación para toda la vida, propiciando que se ejerza una nueva relación con el saber, pero sobre todo que los alumnos se transformen en nuevos usuarios de la formación, con una fuerte participación en el proceso de enseñanza-aprendizaje donde el énfasis está en el aprendizaje más que en la enseñanza.

Desde esta perspectiva, el rol del alumno implica: acceso a un amplio rango de recursos de aprendizaje; control activo de los recursos de aprendizaje; participación de los alumnos en experiencias de aprendizaje individualizadas basadas en sus destrezas, conocimientos, intereses y objetivos; acceso a grupos de aprendizaje colaborativo que permita al alumno trabajar con otros para alcanzar objetivos en común para la maduración, éxito y satisfacción personal; experiencias en tareas de resolución de problemas (o mejor de resolución de dificultades emergentes antes que problemas preestablecidos) que son relevantes para los puestos de trabajo contemporáneos y futuros (Salinas, 1997:2)

En este contexto el aprendizaje adquiere una nueva dimensión, el aprendiz toma conciencia de lo que aprende y se responsabiliza de los conocimientos que adquiere. No obstante aunque pudiera parecer que se trata de un proceso individual, la realidad es que ha adquirido mucha fuerza social y de colaboración  en tanto que los participantes de este tipo de procesos además de ser autosuficientes para el aprendizaje, requieren de la asesoría del profesor y del apoyo de personas que están en su misma situación, lo que permite subrayar la importancia que ha obtenido en los últimos años el aprendizaje colaborativo 1.

Al respecto, varios autores señalan que existen varios elementos que pueden favorecer este tipo de aprendizaje: similitudes entre capacidades, deficiencias y posibilidades de los miembros del grupo, establecimiento de metas conjuntas que incorporen las individuales; elaboración de un plan de acción con responsabilidades específicas y encuentros para la evaluación del proceso; la revisión constante de intereses y perspectivas del equipo (a nivel individual y grupal), atención a las relaciones socio-afectivas, respeto mutuo y solidaridad  principalmente.

Particularmente en el ámbito formal ésta forma de aprendizaje conlleva el intercambio y desarrollo del conocimiento en el seno de grupos de iguales (pequeñas redes de adquisición de conocimiento), favoreciendo el desarrollo de metodologías que stimulen al los sujetos a trabajar cooperativamente en actividades académicas, así como el enriquecimiento del conocimiento, en tanto que además de incrementar la motivación de todos los integrantes del grupo hacia los objetivos, el contenido y su rendimiento académico, favorece la mayor retención de lo aprendido, promueve el pensamiento crítico, así como la difusión de los conocimientos y las experiencias por parte de los miembros del grupo.

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Bajo este panorama, algunos especialistas del ámbito educativo se han dado a la tarea de valorar las bases pedagógicas y psicológicas que sustentan este tipo de aprendizaje, encontrado su fortalecimiento en los principios de congnositivismo, del socio-culturalismo y del constructivismo. Por ejemplo, Piaget señala que  hay cuatro factores que inciden e intervienen en la modificación de estructuras cognoscitivas: la maduración, la experiencia, el equilibrio y la transmisión social. Mismos que se pueden propiciar a través de ambientes colaborativos (Calzadilla, 2002: 3). Desde el punto de vista socio-cultural también hay mucho que decir, ya que desde la perspectiva Vygosykyana la computadora se convierte en una poderosa herramienta para la interacción con la información, el conocimiento y las personas y el trabajo en grupo, una de las formas ideales para trabajar en la Zona de Desarrollo próximo, de tal forma que con esto el alumno tendrá la capacidad de apropiarse del conocimiento y transferirlo a su entorno (Lozano, 2004:2) y en lo que respecta a las implicaciones educativas, Coll y  Solé  definen a la enseñanza como un proceso continuo de negociación de significados, de establecimiento de contextos mentales compartidos, fruto y plataforma, a su vez, del proceso de negociación, lo que permite verificar las conexiones entre aprendizaje, interacción y cooperación: los individuos que intervienen en un proceso de aprendizaje, se afectan mutuamente, intercambian proyectos y expectativas y replantean un proyecto mutuo, que los conduzca al logro mutuo de un nuevo nivel de conocimiento y satisfacción (citado por Calzadilla, 2002:3).

Así pues, puede decirse que el aprendizaje colaborativo es otro de los postulados constructivistas que parten de concebir a la educación como un proceso de construcción social que permite conocer las diferentes perspectivas para abordar un determinado problema, desarrollar tolerancia en torno a la diversidad, así como para generar nuevos conocimientos.

Ahora bien, cabe señalar que como consecuencia de este tipo de aprendizaje, se han empezado a estructurar las redes del conocimiento, mismas que se caracterizan por ser una comunidad de personas que de modo formal o informal, ocasionalmente, a tiempo parcial o de forma dedicada, trabajan un interés común y basan sus acciones en la construcción, el desarrollo y el comportamiento de conocimientos (Beltran y Castellanos).

Y en este mismo contexto, Internet ha sido una herramienta tecnológica que no se puede dejar de mencionar, en tanto que es precisamente a través de ésta que en la actualidad las comunidades virtuales se han consolidado y día a día aumenta el número de personas que las integran, pues desde el punto de vista pedagógico ello representa ventajas significativas para el proceso de aprendizaje colaborativo, ya que además de propiciar flexibilidad cognitiva, estimulan la comunicación interpersonal, facilitan el trabajo colaborativo, dan seguimiento al proceso en grupo, permiten el acceso y la difusión de la información y los contenidos del aprendizaje, favorecen la gestión y administración de alumnos y propician la creación de ejercicios de evaluación y autoevaluación (Calzadilla, 2004),

En la era de la información, la forma específica de estructura social es la sociedad de redes. Lo característico de esta nueva sociedad no es le papel del la formación y el conocimiento, sino el conjunto de nuevas tecnologías que han permitido a las redes constituirse como  “seres” evolutivos con capacidad de adaptación. Lo importante es que las redes por la estructura que les es inherente, descentralizan la actuación y permiten compartir el proceso de toma de decisiones (Castells, 2001, citado por Aries, 2006:62).

En suma en el aprendizaje colaborativo las formas de colaboración se basan en objetivos compartidos y responsabilidades distribuidas a fin de construir conocimientos y aunque es muy cierto que con la incorporación de la tecnología al ámbito educativo este tipo de aprendizaje se ha fortalecido, la realidad es que todo depende de las habilidades de los integrantes de los miembros del grupo y del propósito que en conjunto establezcan para llevarlo a cabo.


1 Entendiéndose por este al conjunto de métodos de instrucción y entrenamiento apoyados por tecnología así como de estrategias para propiciar el desarrollo de habilidades mixtas (aprendizaje y desarrollo personal y social) donde cada miembro del grupo es responsable tanto de su aprendizaje, como del de los restantes miembros del grupo (Lucero, 2003:4)

Referencias bibliográficas