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Reflexiones sobre el sentido del oído
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María Paz Berruecos Villalobos
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Sabía usted que…
- ¿La pérdida auditiva es la discapacidad congénita más común presentada en neonatos? Sin embargo, todavía en nuestro país los neonatos no se examinan rutinariamente para poder detectarla.
- De cada 1000 bebés aproximadamente 3 nacen con una pérdida auditiva profunda y otros niños más nacen con pérdidas auditivas severas o menos graves.
- 14.9% de los niños y jóvenes estadounidenses entre los 6 y 19 años de edad presentan pérdidas auditivas en uno o en ambos oídos. Este porcentaje parece ser universal hasta donde se sabe.
- Cualquier grado de pérdida auditiva es un impedimento para el desarrollo general del niño pero en especial, para el desarrollo cognoscitivo y el lingüístico es decir, el pensamiento y el lenguaje.
- Inclusive, los niños con pérdidas auditivas superficiales o medias pueden perder hasta un 50% de las presentaciones que ocurren en un salón de clases.
- Las pérdidas auditivas infantiles desatendidas impiden total o parcialmente la adquisición del lenguaje; por esta razón se impide el desarrollo de las habilidades intelectuales y el acceso al conocimiento.
- El rendimiento académico y el progreso educativo, la autoestima y el desarrollo socioemocional del pequeño sordo difiere de manera evidente del de los niños oyentes.
- En un 90%, la adquisición del lenguaje y del conocimiento de los niños pequeños se debe a la percepción de conversaciones incidentales, que suceden a su alrededor.
- Un 37% de los niños que presentan pérdidas auditivas superficiales, pierden por lo menos un año escolar.
- Todos los niños requieren una evaluación profesional auditiva. Desde los recién nacidos se pueden examinar mediante pruebas seguras, inofensivas y sencillas de administrar.
- Estudios recientes demuestran que los bebés con pérdidas auditivas profundas identificados antes de los seis meses presentan un mejor pronóstico para adquirir el lenguaje oral y por lo tanto, para integrarse plenamente a la sociedad.
El Rincón de los padres y maestros
Habla y lenguaje en la infancia
A los seis meses, un bebé debería…
- Producir muchos y diversos sonidos.
- Reír, balbucear y mostrarse afectuoso con la gente que conoce.
- Reaccionar a las voces en tono alto, a las voces de enojo y a las voces familiares.
- Voltear y permanecer atento a nuevos sonidos y balbucear para llamar la atención.
A los ocho meses debería…
- Responder a su nombre y reaccionar ante su imagen al verse en un espejo.
- Producir cuatro o más sonidos claramente diferenciados.
- Emplear con frecuencia las sílabas ba, da, ca; mover objetos de una mano a la otra; escuchar sus propias vocalizaciones y las de los demás, e intentar la imitación de sonidos.
A los nueve meses debería…
- Comenzar a decir “mamá”, “dada” y/o “papá”.
- Gritar para llamar la atención.
- Usar una jerga propia (balbucea con sonidos que parecen un habla coherente).
- Pronunciar sílabas o secuencias de sonidos repetidamente.
En el caso de los infantes procure siempre estimular el habla y el manejo de lenguaje, especialmente cuando…
- El bebé responda al balbuceo con expresiones de afecto.
- Mientras lo cuida y acompaña, háblele siempre
- Recuerde que su propia habla sea simple y concreta.
- Recite y entreténgalo con juegos de dedos y manos.
- Cántele canciones infantiles en su idioma materno.
- Demuestre interés en los sonidos que escuche usted y él.
- Nombre y señale los objetos de la vida diaria así como los nombres de gente conocida.
- Platique cuando lo lleve de paseo.
- Hágalo vivir nuevas experiencias.
- Realice juegos simples y entretenidos.
- Oigan música tranquila.